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Sobre blackberries, redes sociales y demás fenómenos paraanormales (II)

Yo ya he hecho mi propio estudio sociológico sobre el comportamiento humano basado en nuestra actividad en facebook.  Se titula “dime cuántos amigos tienes en facebook y te diré quién eres”.  La conclusión de este estudio es que en este mundo sólo existen tres tipos de personas:  los imbéciles, los rematadamente imbéciles, y los que no tienen facebook.  Estos últimos son la gente normal, pero no le sirve de nada porque son considerados imbéciles por todos los que sí tienen facebook, que son (somos) la mayoría del planeta, con lo cual, al final los locos resultan ser los que están fuera del manicomio.

Y es que yo no sé qué tiene esta red, pero es automático. Tú abres un perfil en facebook e instantáneamente te conviertes en imbécil.  Luego ya el nivel de imbecilidad al que llegues varía según la cantidad de tiempo libre que tengas.  A veces llegas a límites de imbecilidad extrema incluso sin tener tiempo libre.  Es el poder del facebook.  Pasa igual que con el amor, a veces te enamoras de alguien sin saber por qué y de repente te conviertes en otra persona.  Bueno, en otra persona no, te conviertes en un completo imbécil.  Y por mucho que tus amigos te digan que tienes que dejarlo tú no eres capaz, no quieres ver la realidad y no quieres creerte que esa relación te hace daño.  Pues con el facebook pasa lo mismo, por mucho que te digan, tú no eres capaz de dejarlo, y lo único que quieres es estar con él el mayor tiempo posible.

Mi estudio también ha revelado que existen una serie de “perfiles” en facebook que se repiten en todos lados.  Hay una serie de “amigos” que tiene todo el mundo.  Es como si al abrir tu cuenta se te asignaran algunos amigos por defecto que son iguales  a los que se le asignan por defecto al resto de la gente.   Por ejemplo, un perfil muy común es el de ese amigo que se dedica a escribir en facebook lo que está haciendo a cada minuto.  Del estilo “en el sofá viendo la tele”.  O… “bajo a comprar el pan”. Y a los 5 minutos.. “comiéndome el pan que acabo de comprar”.  Bueno, ahora con la aplicación esa que te dice dónde estás ya es lo más… Cosas como….  “En el sofá de “casa Logroño” con “Fulanito de tal” comiéndonos el pan q compramos en “panadería Paquita”.  Y tú piensas, si ves que tal avisa también cuando vayas al baño, que es una información de gran interés para el resto del planeta!

Otro perfil usual es el de ese amigo al que “le gusta” todo.  Cualquier comentario que hagas, cualquier canción que cuelgues, un vídeo, una foto…. todo!! lo que haya en tu muro le gusta a este amigo.  Vamos, tú  puedes escribir:  me he roto una pierna esquiando.  Y este amigo le dará a “me gusta”.  Que tú dices… qué será lo que le gusta? que me haya roto una pierna? que fuese esquiando? o será que ya no es capaz de controlar su adicción al botoncito?

Luego está ese otro amigo, o mejor dicho, amiga, que se comporta en el facebook igual que cuando tiene delante al chico q le gusta.  La típica que “tontea” por el facebook.  La reconocerás porque en su foto de perfil aparecerá con un vestido escotado y en alguna posición de lo más natural, como si le hubieran sacado la foto por sorpresa.  Normalmente estará además despeinada y haciendo morritos en la foto… just coincidence!!  Esta es la que publica en su muro cosas como… “no sé si ponerme el vestido azul o la minifalda verde para salir esta noche, qué me recomendais, chic@s?”

En fin, existen muchos otros perfiles “por defecto” del facebook, como el del amigo gafapasta que utiliza el facebook para promocionar grupos de música q no conoce nadie,  el amigo “salvemos la tierra y las ballenas”, que sólo cuelga vídeos o artículos realizados por organizaciones no gubernamentales, o el que se pasa la vida jugando a los juegos estos de la granja, el brain no sé qué o cualquier cosa que encuentre… Este último por lo general también suele pegar todo tipo de frases de “copia esto en tu muro si…” y, si es una mujer, será la primera que escriba el color de su sujetador en su muro cuando empieza la temporada de “vamos a reirnos de los hombres”.  Es la reencarnación de aquel amigo que te reenviaba todos aquellos emails de “el messenger se cierra” o “si no envías esto a 10 amigos una maldición caerá sobre ti”.  Que tú piensas… dios!! cinco años después y todavía no te has dado cuenta de que son mentira?

Por último, hay un perfil que no estará dentro de tu grupo de amigos, pero seguro lo tendrás en las invitaciones de amistad pendientes de aceptación.   Es esa persona con la que hace años que no hablas, que un día te encuentras en un bar, que se pone a hablar con la gente con la que tú estás pero a tí ni te mira, y que al día siguiente te agrega al facebook.  Que dices tú… menos mal!!!  pensé que ya no quería ser mi amigo!!!!

Es que yo no sé, parece que la gente cuando entra en esta red social, además del juicio, pierde también cualquier sentido del ridículo y la dignidad.  Y no sólo eso, es que además parece que también pierde los escrúpulos…

….     (to be continued)

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Sobre blackberries, redes sociales y demás fenómenos paraanormales (I)

Ultimamente tengo pesadillas.  Sabeis la imagen final de la película “Pájaros”? pues mi sueño es igual que esa escena, lo que pasa es que a mí en lugar de atacarme pájaros me atacan…. Blackberries y Iphones!

Sí, no lo soporto más, es tanta la presión que ya no puedo dormir. Y es que ultimamente estos aparatitos parece que se están haciendo con el control del mundo… y de la vida de todos sus habitantes.

Yo, de verdad…. tengo miedo.

Hoy en día ya no puedes ir a tomar un café con tus amigos. No, en serio, irás a tomar un café con sus Blackberries, pero al final te lo pasarás leyendo el periódico. Como mucho puedes hablar con tu amigo por wassup, porque de otra manera imposible. No, no es broma, que alguno hasta intenta pedir el café por el chat!

-“Es que como los mensajes son gratis….”

Que los mensajes son qué??? perdona, cuánto pagas de cuota mensual? 30 euros. Aaaaahhhh, pues sí… gratis, sí.. los mensajes te salen igual de gratis que a mí, que tengo tarjeta prepago!

Ahora ya no puedes ir a cenar tranquilamente con tus amigos porque siempre, siempre, siempre!!! habrá alguien que saque una blackberry. En ese momento, se acabó la cena, porque antes de que te de tiempo a pestañear habrá en la mesa tantas blackberries como comensales. Bueno, tantas menos una, que eres tú, que en lugar de blackberry has sacado un periódico.

Tampoco puedes irte de copas porque siempre, siempre, siempre habrá quien desenfunde…. “voy a sacar una foto”, es la excusa, pero ya no vuelven a guardarla. Y entonces colgarán la foto en facebook, y ya el resto de tus amigos tendrán que verla, porque no pueden verla en el teléfono del que la sacó, NO!! tienen que verla cada uno en el suyo propio, y de paso revisar su facebook y mandar algunos mensajitos…. o dejar comentarios en la foto que acaban de sacar, como si les costara levantar la cabeza y decirlo….  coño que los que salen en la foto están delante tuya!!!! es queeeeee….

De verdad, qué le pasa a la gente?? esto está empezando a ser realmente preocupante. Y la culpa de todo la tiene el Facebook. Sí, porque la gente que se compra los teléfonos con internet…. que no me vengan a decir a mí que lo hacen porque se gastan menos en teléfono, venga ya!!! estoy segura de que se gastan más. En realidad se los compran porque son adictos al facebook!! Tanto que necesitan abrirlo a todas horas. Tanto que ya no pueden soportar ni lo que dura un café sin abrirlo. Joder, y después nos llaman drogadictos a los fumadores!! pues a ellos los quería ver yo con una “ley antiblackberry” que no dejara usarla dentro de los locales. Vamos, ahí sí que se iba a pique la hostelería!

Pero insisto, la culpa de todo esto la tiene esa maravillosa “red social”, que por cierto, a quién se le ocurrió ponerle ese nombre? porque lo de “red” vale, es como…. “red de prostitución”,  “red de contrabando”… tú oyes la palabra red y sabes que algo chungo hay ahí, pero… lo de social???? yo no lo entiendo, cuánto del concepto “social” hay en el hecho de sentarse durante horas delante de un ordenador?  No sé, igual es que estoy loca, pero yo creo que sería más acertado llamarle red antisocial.  O bueno, si lo que quieren es usar la palabra “social” pues que le llamen “red de contrabando social”,  o mejor aún, de “prostitución social”.  Como que le pega más…

En fin, yo más bien a este tipo de websites les llamaría redes sociológicas, porque si para algo sirven, es para realizar análisis sociológicos. Yo tengo mi teoría… no me creereis, pero dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer.. . Bueno, pues detrás del facebook te digo yo que está Mercedes Milá. Sí, ahí, analizando el comportamiento humano, realizando estudios sociológicos de alto nivel.  De hecho, estoy segura de que la próxima edición de Gran Hermano será por Facebook.. ya me dareis la razón ya.

….     (to be continued)

Luces, cámaras… acción!

Siempre me han hecho gracia las típicas películas americanas del género “bueno persigue a malo”.   Normalmente, todas empiezan con el malo de la película realizando alguna atrocidad contra alguien de la familia del bueno, ya sea un asesinato, un rapto, una violación…  Son siempre escenas cargadas de sangre y violencia, ambientes oscuros y muchos gritos.  Esta primera secuencia de la película termina con el bueno mirando a la cámara con ojos llorosos y una expresión de rabia e indignación en su cara mientras se jura a sí mismo que buscará venganza.   La música va aumentando de volumen hasta que, de repente, se para en seco.   Entonces cambia la escena radicalmente.  Por la ventana entra el sol, se oyen pájaros de fondo y alguien habla entre risas.  La música es suave y en la pantalla se puede leer: 10 years later.  La cámara va girando hasta enfocar a una familia, un matrimonio o unos niños jugando en el salón.  De fondo, se puede apreciar una foto de la persona a la que han asesinado en la escena anterior.  Aparece el bueno, ya con algunas arrugas en la cara, juega con los niños, desayuna mientras lee el periódico, le da un beso a su mujer y sale de casa.  En ese momento empieza la trama de la película.

Durante los primeros 30 minutos no ocurre nada destacable, aunque sí se van dando pistas de lo que va a suceder después.  Poco a poco, la película va adquiriendo un ritmo más rápido, empiezan a pasar cosas, aparece el malo, el bueno le dice: te estaba esperando.  Pero no lo mata, y el malo se escapa.  Una y otra vez,  el bueno está a punto de conseguirlo pero siempre algo falla en el último minuto y el malo vuelve a escaparse.  Mientras tanto, por el camino va muriendo un montón de gente.  Algunos son colegas del malo, que por tanto merecen morir.  Otros son gente normal que, simplemente, pasaba por allí.   Coches que se estrellan contra el coche del malo, bombas que explotan en lugares públicos, tiroteos, metralletas… sangre por todos lados.   Muere mucha gente, pero el bueno sigue siendo bueno porque lo único que quiere es hacer justicia.

Finalmente, en una escena parecida a la del principio de la película, el bueno machaca al malo. Sayonara baby y de repente, la música estridente deja de sonar.  Entonces el bueno se da la vuelta y se va andando a cámara lenta.  Al fondo, una bandera grita libertad. Suena música patriota y salen los títulos de crédito.

Hoy me ha parecido que una de estas películas americanas se hacía realidad.  El bueno coge al malo, lo machaca y se marcha a cámara lenta.  Miles de banderas gritan libertad mientras son testigos del mayor acto de justicia que ha visto el mundo en los últimos años.  Por el camino, ha muerto mucha gente.  Algunos son amigos del malo.  Otros simplemente, pasaban por allí, pero el bueno sigue siendo bueno, el honor de su familia está ahora a salvo, y el dolor por la muerte de sus hijos parece haber sido enterrado junto con el cuerpo del malo.  En los títulos de crédito, los actores se apellidan coraje y determinación.

Lo triste es que esta película real ya tiene segunda parte.  El malo reaparecerá y volverá a morir mucha gente en el camino.  Al final, alguien se marchará a cámara lenta,  lo que no tengo muy claro es qué bandera ondeará en el fondo.

Pero no tenemos de qué preocuparnos, a partir de hoy el mundo es un lugar más seguro.

Heineken Jazzaldia

Os dejo el cartel que he presentado al concurso de carteles para el festival Heineken Jazzaldia de este año.

La idea recoge la tipografía utilizada en todas las ediciones anteriores del festival, bajo el lema “never play a thing the same way twice”  (nunca toques algo de la misma manera dos veces), que decía (dicen) Louis Armstrong….

Si os gusta y quereis dejarle un voto pasaros por aquí

El plazo para votar acaba mañana (10 marzo), no os culparé si no llegais a tiempo (mi despiste habitual….)

Gracias por adelantado!!!!

Los tiempos han cambiado

La humillación pública era un castigo muy extendido en la Edad Media.  Existían varios tipos: el cepo, las coronas, los azotes, los paseos encadenados… todos ellos con el mismo objetivo: exponer al acusado al escarnio público, para goce y disfrute de la multitud.

Era una fiesta popular como cualquier otra, donde la gente acudía para divertirse, pero tenía la particularidad de que, además de diversión, proporcionaba a las personas otro tipo de placer, el de poder descargar su ira burlándose de alguien.  La gente esperaba ansiosa este tipo de eventos para poder regodearse de la desgracia ajena, algo que siempre ha contentado al ser humano.  Por lo general, todo el pueblo acudía a ver el espectáculo, y pronto se hacían partícipes del mismo uniéndose a los gritos, los insultos, las vejaciones o agresiones que los demás habían iniciado.  A lo mejor muchos de ellos habían cometido el mismo pecado sin que nadie lo supiera, pero allí estaban, despreciando y condenando a aquél que estaba siendo castigado.  Una oportunidad así no podía desaprovecharse.

En nuestros días, estos castigos siguen imponiéndose para goce y disfrute de todos nosotros.  Existen varios tipos de humillación pública: los twits, la televisión, el youtube… Al igual que ocurría en la Edad Media, alguien decide que un personaje ha de ser condenado por algún motivo y rapidamente todos nos lanzamos como buitres en el ataque contra esa persona.

La diferencia es que en la actualidad la gente no necesita salir de su casa para acudir al espectáctulo.  En nuestros días, cada uno descarga su ira desde la comodidad de su sillón, de una manera más sutil, que no menos despectiva.

Quizás nos parezca más civilizado porque no se oyen los gritos ni se ve la multitud.  Tal vez los tiempos han cambiado y las formas también.  Igual el mundo ha evolucionado, pero el ser humano parece seguir siendo el mismo de siempre.

El Juego de las mentiras

A veces la gente miente.  Algunos mienten sin darse cuenta, te dicen qué guapa estás hoy, cómo me gustan tus zapatos nuevos o esta noche no salgo porque tengo cena familiar.  Y tú sabes que es mentira, que en realidad no es lo que están pensando, pero te lo dicen instintivamente, simplemente porque no se atreven a decirte la verdad, piensan que puede parecerte mal.

Entonces se genera una especie de acuerdo no verbal por el cual tú aceptas la mentira, y la otra persona se cree que te lo crees y se queda satisfecha.  Lo que no sabe, es que a ti te importa una mierda si le gustan tus zapatos o si esta noche va a quedar contigo o no, pero le sigues la corriente porque te resulta más sencillo que decirle lo que piensas.  Resulta que, sin darte cuenta, tú estás mintiendo también, y sin haberlo planeado estás dándole de su mismo caldo.  Te resulta incluso divertido, es el Juego de las mentiras. Tu turno, mi turno.  Diente por diente,  y todos contentos.

Pero existe otra clase de mentiras.  Esas que, al escucharlas, hacen que tu cara se convierta en un poema, mezcla de indignación, repulsión, enfado y carcajada.  Por un lado, te duele el alma cuando las descubres.  Por otro, te apetece echarte a reir en la cara de quien te la cuenta.  Me estás tomando el pelo?  realmente, esa persona se cree que eres gilipollas.  Y eso es lo que más te duele.  Ya no importa de qué se trate la mentira,  ni cuánto daño te haga, lo que en realidad te rompe el corazón es que te tomen por idiota, que piensen que vas a jugar al juego de sus mentiras como haces con lo de los zapatos, y que al terminar el juego todo va a seguir igual.

Pero nada sigue igual después de una mentira como esta.  Las fichas del juego no vuelven a su sitio y a partir de entonces, cada vez que se abre la cajita, el juego se complica más y más.  Estrategias complicadas, movimientos bien pensados y ataques perfectamente planeados.  La otra persona sigue jugando, sin saber que tú ya has empezado a luchar.  El juego ha dejado de ser divertido, has entrado en la Guerra de las mentiras, y sólo terminará cuando uno de los dos bandos muera.

La Ciudad de la Cultura, pero… de cuál?

Soy gallega y me siento orgullosa de ello.

Me siento orgullosa de nuestra cultura, de nuestra gente, de nuestras costumbres… de nuestros paisajes y nuestra Arquitectura, de nuestros pueblos, de nuestras playas, de nuestra lluvia y nuestra indecisión.  Me halaga pensar que a la gente le gusta visitarnos, y que muchos de los que vienen acaban volviendo en busca de ese “nosequé” que, dicen,  tiene nuestra tierra.

Me siento orgullosa de pertenecer a un pueblo que siempre ha sido humilde, sencillo y, sobre todo, sincero.  Un pueblo que acoge a sus invitados con los brazos abiertos, mostrándoles sin pudor todas las caras de nuestra historia.

Quizás sería ahora el momento de mencionar el orgullo que me confiere la reciente inauguración de nuestra “faraónica” Ciudad de la Cultura que, según los medios, parece haberse convertido en el mejor reclamo que posee nuestra tierra.  Pero lo cierto es que yo, como gallega, no me siento orgullosa de ella.  Por más que salga en los telediarios, por más que intenten vendérnosla como el símbolo de la apuesta cultural gallega en Santiago de Compostela, a mí no me acaba de convencer.

Un proyecto arquitectónico desmesurado que, lejos de plasmar una supuesta concha de vieira, se presenta como un espejo de ambiciones y vanidades que unos pocos no han sabido controlar, no puede ser, en ningún caso, reflejo ni orgullo del pueblo y la cultura gallega.

Quizás habría sido más acertado invertir ese dinero en otro tipo de actividades que promovieran nuestro desarrollo cultural, o quizás es que la moda de crear  “templos” modernos a los que peregrinar sea la única forma de dinamizar una ciudad en nuestros días.  Pero lo cierto es que Santiago ya tiene un templo de peregrinaje, que aunque no es de los modernos, está a la altura de cualquier Guggenheim, y que me hace preguntarme si todo esto era realmente necesario, o si no habría sido mejor invertir en otro tipo de proyectos como la mejora, el impulso y el desarrollo de lo que ya tenemos en Galicia.

Pero nos pudo la envidia, nos pudo la soberbia y el engreimiento y no pudimos evitar querer ser como otros lugares que, gracias a la realización de un proyecto ambicioso se han dado a conocer al mundo.  Y me parece muy bien, no critico que haya quien esté dispuesto a arriesgar, a apostar por una idea y ser consecuente con ella. Pero, si estamos hablando de cultura, y se trata de potenciar nuestra identidad , al menos podían haber concedido el proyecto a cualquiera de los grandes arquitectos que han nacido en Galicia y que habría sabido representarnos de una manera más acorde a nuestra forma de ser, en lugar de confiar nuestra imagen y nuestro presupuesto a alguien que conoce Galicia tan bien como nosotros conocemos Nueva York, y a quien le importa un comino cuál es nuestra identidad o cuánto dinero tenemos que gastarnos con tal de ver realizado su capricho arquitectónico.

Quizás hayamos querido tocar el cielo y ahora no encontremos la escalera de bajada.  O a lo mejor todo esto tiene un final feliz y de repente nos convertimos en la envidia nacional.  Sea como sea,  creo que nunca podré sentirme orgullosa de ello porque si hay una palabra que defina nuestro pueblo, esa es “humildad”, que es precisamente lo que creo que le falta a este proyecto.


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