Archive for the 'Japón' Category

Disculpas a Mikimoto Ginza 2

Dicen que rectificar es de sabios así que voy a hacerme la sabia un ratito.

En el post anterior hice una broma sobre lo que yo creía era un error en el rótulo de esta tienda-bar de Tokio,  donde ponía como hora de cierre las 25 h. A mí me hizo gracia cuando lo vi porque nunca había visto un cartel como ese,  pero Alberto me explicó que es una forma bastante común de poner que se cierra a la 1 de la madrugada. La verdad es que tiene bastante lógica, aunque todavía me pregunto qué pondrían si cerraran a las 3 (las 27h??) o a cualquier otra hora de la madrugada, porque entonces ya no tendría mucho sentido.

En fin, ahí queda la corrección, para los que nunca lo habíais visto no caigais en el mismo error que yo, y para los que ya lo sabíais, perdonad mi ignorancia… es que soy de pueblo y en mi pueblo no hay carteles! jejeje

*Moraleja: los bares deberían estar abiertos 24 horas, así no habría confusiones…

“After hours” en Japón

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para esas noches más largas de lo normal…

Hablando de retretes…

Ya que Alberto sacó el tema, hoy vamos a hablar de los retretes de Japón. Supongo que todos habreis oído hablar de los famosos inodoros japoneses, pero vayamos por partes.

La primera vez que fui al baño en Japón (en la estación de Nagoya) esperaba encontrarme un retrete con diseño futurista, lleno de botones por todos lados, autolimpiable, con mando a distancia, play station y dvd desplegable, pero cuál sería mi sorpresa cuando, después de esperar un rato en una larga cola de mujeres mientras mis espectativas del retrete iban creciendo todavía más (tendrá un botón de masaje para pies? pensaba yo…)   abro la puerta del baño y me encuentro con esto

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Mi gozo en un pozo. Empecé a creer que lo de los baños robóticos era todo mentira. Además, miré hacia las paredes en busca de papel, y no es que no hubiera papel.. es que ni siquiera había un colgador (o como se llame) para el rollo de papel !!??¿?!?  salí del retrete en busca de papel en el lavabo, pero tampoco había, y una señora que estaba entrando en el retrete de en frente se dio cuenta de lo que andaba buscando así que me ofreció una bolsita con papel, como si fuera una bolsa de kleenex, pero sólo con dos o tres. Yo había oído que en Japón no usan un papel como el nuestro, sino que es un papel especial muy finito, hecho de maíz o algo así, y que es biodegradable. También sabía que no se podía tirar otro tipo de papel por el váter pues causaría un desastre ecológico pero… es que tienes que llevarte tú el papel de maíz en el bolso?? me parecía demasiado extraño, así que al salir del retrete me fijé bien en todas las paredes del baño, y finalmente encontré una máquina en la entrada en la que podías comprar esas bolsitas de papel como la que me dio la señora. Aún así, comprarte tu papel higiénico?? pensé yo… en fin…

Por suerte, esta primera impresión no tenía nada que ver con lo que realmente son los baños en Japón, que lejos de todo esto que acabo de contar, suelen ser una maravilla. Sí que es cierto que en muchos sitios te encuentras estos de estilo agujero negro, que son los verdaderos orientales, pero la otra versión de excusado, que además suele estar señalizada en la puerta como “estilo occidental” es algo bastante más agradable, así que la segunda experiencia wcil fue mucho más satisfactoria. Esta vez abrí la puerta del baño y la tapa del retrete se levantó sóla, como diciéndome: bienvenida al retrete! me senté en el susodicho para comprobar con cierto gustito que el asiento estaba caliente. Para mi satisfacción, no sólo había papel, sino que había dos colgadores con sus respectivos rollos de papel higiénico, y por supuesto, como todo en Japón, estaba impoluto. 

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Seguidamente reparé en el mando de control que tenía a mi derecha. Había unos cuantos botones, con unos dibujitos en los que aparecía una personita azul sentada recibiendo una línea de puntos directamente hacia su trasero y otra en la que la línea de puntos era rosa y provenía desde un ángulo diferente, concretamente apuntando hacia la parte de alante de .. ejem. También había varios botones con números, que servían para cambiar la temperatura de la tapa, la presión del chorro,  algún otro que no sé para qué era, y por último un símbolo de una nota musical. ?? Ok, que vas a echar tiempo en el váter y te has olvidado el mp3, pues ellos te ofrecen música ambiental, pensé yo… uy! pero si ya hay música ambiental en el baño! ^o)  será que le das al botón y te abre el itunes para que escojas lo que quieres escuchar?? en fin, habrá que darle al botoncito… le doy al botón y empieza a escucharse un sonido parecido al de una cisterna. ?¿??¿?¿?¿? qué interés tendrán estos japos en simular el sonido de una cisterna?? entonces me acordé de algo, que ya sabía pero mi memoria (de 3 seg) había mandando al fondo del cajón, y es que una de las funciones de los retretes japoneses es la de camuflar los sonidos molestos que puedan provenir del acto de evacuación o vaciado del vientre. Si es que todo lo que hacen se basa en no molestar al prójimo!! Por último, después de estar 20 minutos jugando con estos botones, me levanté del váter, y para el tiempo que me disponía a subirme los pantalones la cisterna estaba ya funcionando como por arte de magia y como diciendo: gracias por utilizar nuestro servicio.

Pero no os creais que la cosa acaba ahí, esto es lo normal que te sueles encontrar en baños públicos, pero tengo entendido que hay otros que incorporan otro tipo de funciones tales como masaje de espalda o secador de posaderas, y que los nuevos modelos apuntan hacia una posible conexión del retrete a internet, o sea que igual lo de la play station no iba tan desencaminado…

Por último, otra de las cosas que incorporan algunos váteres de Japón es una especie de lavabo pequeñito encima de la caja de la cisterna, de manera que cuando tiras de la cisterna el grifo se abre automáticamente, y el agua que utilizas para lavarte las manos es la que rellena la cisterna, con el consiguiente ahorro de agua.

Después de esto, ahora cada vez que voy a un baño público aquí me acuerdo con nostalgia de los japoneses, y cada vez que me siento en la taza del váter de mi casa (especialmente en esta época del año) y empieza a recorrerme ese escalofrío que te hace pensar que estás sentándote en un maldito cubo de hielo, no puedo evitar soltar un mecaaaaaaaaagoennuestrosinodorosprehistóricos… que no podría ser más acertado para la situación.

Marchando una de plástico con salsa de pintura

Las primeras veces que comimos en Japón fueron muy divertidas. Las cartas en los restaurantes, como todo lo demás, no están traducidas al inglés, así que lo único que puedes hacer es pedir aquel simbolito que te tenga mejor pinta y rezar a los santos para que al menos te guste un poco. Al principio recurríamos al pito pito gorgorito, o al viejo truco de uno de cada y compartimos, pero pronto descubrimos algo que iba a ayudarnos bastante durante el resto del viaje: las maquetas.

Hay muchos restaurantes en Japón que tienen maquetas de sus platos. Sí, maquetas, expuestas en el escaparate, en las que puedes ver el plato tal y como es y te puedes hacer una idea de lo que lleva cada uno.

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Así que a partir de ese descubrimiento nos limitamos a ojear las maquetas de los escaparates y meternos en éste o aquél restaurante según la pinta que tuvieran. Luego sólo había que enganchar al camarero del brazo y llevárselo fuera para señalarle con el dedo lo que queríamos. Es algo que suena gracioso pero es realmente útil. Estas maquetas están hechas de plástico pintado (eso he leído por intenet) y al parecer es todo un arte allí. Algunas de ellas eran tan reales que te hacían dudar si serían platos cocinados de verdad y conservados con algún extraño líquido tipo formol o algo así. Es muy curioso, me queda la duda de por qué lo hacen, lo primero que pensé es que hacían estas maquetas precisamente para nosotros, los pobres extranjeros, pero al ver que está tan extendido y que algunas de ellas son increíblemente perfectas me hace pensar que no tiene nada que ver con los extranjeros sino que es su modo de mostrar el menú y que además es un símbolo de la calidad del restaurante.

Las máquinas expendedoras de bebidas, que por cierto, están por todos lados!! también tienen maquetas en lugar de las botellas de verdad, como si quisieran evitar que alguien rompiera el cristal para robarlas.

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Pero las maquetas más graciosas que vimos fueron sin duda estas, en las que puedes ver la pinta que tiene un vaso de té helado o una taza de café con leche. Lo mejor, la jarra voladora!

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Otra cosa muy graciosa en los restaurantes es la cuenta, y es que en muchos restaurantes de Japón la cuenta te viene… sin contar!! la cuenta es una lista de las cosas que has comido con sus respectivos precios, pero la cantidad total que tienes que pagar no está reflejada

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Como veis en la foto, el TOTAL está en blanco, con lo que te toca sacar la calculadora y ponerte a hacer la suma. Menos mal que allí no es costumbre dejar propina (de hecho está mal visto) porque si encima tienes que calcular el tanto por cien y sumárselo acabarías tirándoles la cuenta a la cara!

Me pregunto cómo será esto en una cena de empresa, me imagino a todos los japonenes sumando de memoria unos 40 o 50 platos, más los postres, más bebidas…. aunque seguro que lo hacen en un par de segundos, jejeje.

Por último, algo curioso en los restaurantes y que yo no había percibido hasta que Igna me lo dijo es que los japoneses, cuando quieren llamar al camarero, no esperan a que éste les mire para levantar la mano como nosotros, sino que simplemente gritan “sumimasen!!!” (creo q esa era la palabra, que es algo así como perdón) aún cuando el camarero está en la otra punta del bar, y ya éste acude al lugar de donde proviene el grito. Yo esto lo descubrí el día antes de volverme pero si alguien va a Japón, por favor que pruebe a ponerse delante del escaparate de las maquetas y gritar sumimasen!! a lo mejor también funciona :)

El Scramble Kousaten

de Shibuya (Tokio) que seguramente más de una vez habeis visto en la tele…


dicen que es el cruce más transitado del mundo. Si contais el número de cabecillas que se ven en el vídeo y lo multiplicais por el número de veces que el semáforo se pone en verde al día (este dato no se proporciona, es el truco del problema) debería daros la modesta suma de “más de un millón”, que son las personas que pisan este cruce en un día normal.


Y para subir nota… teniendo en cuenta que estamos hablando de una importante zona comercial… a cuánto ascenderá esta cantidad el primer día de las rebajas??
Yo me mareo sólo de pensarlo!

Japoneses encantadores

Lo que más me sorprendió de Japón fue sin duda todo lo que se refiere a la educación de sus habitantes. Ya había oído hablar de que es uno de los países más civilizados y seguros del mundo, pero aún así me sorprendió comprobarlo con mis propios ojos.

Los japoneses son increíblemente amables y serviciales. No sólamente en tiendas, restaurantes y demás recibes un trato inmejorable, sino que además la gente por la calle también se vuelca en los demás. Cada vez que preguntábamos cómo llegar a un sitio o algo por el estilo se desvivían por ayudarnos y, aún cuando muchos no hablaban nada de inglés, buscaban la forma de decirnos cómo llegar, ya fuera haciéndonos un croquis o llevándonos ellos mismos hasta el sitio al que queríamos ir. Si preguntábamos en una tienda no sólo dejaban de hacer su trabajo (incluyendo dejar de atender a los clientes que están esperando en la cola) para ayudarnos, sino que además movilizaban a todo el personal para que nos ayudaran también. Todo esto con la mayor de las sonrisas en sus caras, y dándose prisa para no hacerte perder tu tiempo!

Si estás en medio de la calle mirando un plano es muy raro que alguien no se pare y te pregunte si necesitas ayuda, y si se da el caso de que no saben dónde está el sitio te piden mil perdones por no poder ayudarte y se marchan afligidos. En una ocasión, yo paré a una señora por la calle para preguntarle una dirección. La señora dudaba un poco, así que estaba mirando mi plano para aclararse. Mientras tanto, yo veía que otra gente se iba acercando a preguntar qué estábamos buscando. Cuando me di cuenta, tenía a unas 5 personas a mi alrededor, indicándome por dónde tenía que ir! Ese mismo día un poco más tarde, estaba yo bajo la lluvia esperando a que el semáforo se pusiera en verde cuando un chico a mi lado me ofreció meterme debajo de su paraguas. El chico no hablaba mucho inglés pero me preguntó hacia dónde iba y resultó que su oficina estaba hacia el mismo lado así que estuve un rato caminando con él bajo su paraguas. Cuando llegamos al punto en el que nos teníamos q separar porque yo iba hacia un lado y él hacia otro, me ofreció quedarme con su paraguas, y a pesar de mis negativas me obligó a cogerlo y se marchó mojándose a su trabajo.

Se hace extraño porque en España o en muchos países europeos si alguien trata de ayudarte lo primero que haces es desconfiar. Si te dicen que te llevan al sitio inmediatamente dirías no, gracias, ya voy yo sóla, y si alguien se acerca a preguntarte si necesitas ayuda lo primero que piensas es que va a intentar robarte la cartera. Esto no pasa en Japón, allí puedes confiar en la gente y sabes con certeza que no van a intentar engañarte, sino todo lo contrario. Nos llamaba la atención que muchos japoneses llevaba carteras alargadas (del tamaño de los billetes) en los bolsillos traseros de los pantalones, quedando a la vista más de la mitad de la cartera. En nuestro país, eso es lo que se llama “pedirlo a gritos”, sin embargo allí las llevan con total tranquilidad, y a nadie se le pasa por la cabeza que alguien pueda intentar quitársela.

Como os podreis imaginar, para una paranoica de los atracos como yo, este es el país ideal, y sólo por eso ya me gustaría irme a vivir allí. Es una putada que no sepa japonés, pero… quién sabe? quizás algún día…

En la foto, con un japo muy majo que conocimos en uno de los trayectos en tren. Después de intercambiar algunas palabras se empeñó en hacernos unas cuantas fotos, y acto seguido nos las envió por correo electrónico desde su móvil.

Abróchense los cinturones. Despegamos

Se me hace muy difícil escribir sobre el viaje. Son tantas cosas las que quiero contar que no sé ni por dónde empezar ni cómo. Primero empecé escribiendo una especie de relato en el que iría contando lo que hicimos cada día pero pronto me di cuenta de que había muchas cosas que se superponían, impresiones que fueron cambiando a lo largo del viaje, ideas que se fueron complementando, aclarando, o confundiendo, y me he convencido de que lo que más me ha gustado de este viaje no han sido los sitios concretos que he visto, sino un conjunto de muchas cosas que abarca lugares, personas, sensaciones, etc, así que al final he decidido cambiar el relato coherente y organizado en el tiempo por una recopilación desordenada de lugares, impresiones y observaciones que condensen la imagen que se me ha quedado de Japón.

Lo primero que tengo que decir es que para mí este viaje no ha sido sólo el lugar al que íbamos, sino la gente con la que lo he compartido. Después de casi 6 meses en Londres me hacía falta de verdad volver a estar con mis amigos de siempre, poder hablar español las 24 horas del día, recordar viejos tiempos, guardar nuevas anécdotas… en fin, que estos 15 días para mí han sido una bocanada de aire fresco que hacía tiempo q venía necesitando.
Los culpables: Dalai Gon, Bonsai, Nata y Shin San, con la colaboración especial de Ignacio y Chikara, que aunque sólo pudieron acompañarnos durante unas horas, hicieron que ese tiempo fuera muy especial. Para todos ellos, los siguientes posts.

Arigato gozaimaaaaaaaaaas


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