Archive for the 'Colaboraciones/amigos' Category

Hay quienes dicen que llegada una edad es hora de asentar la cabeza. Decepcionémosles.

Es todo un orgullo para mí haber sido invitada a colar unas letras en el prestigioso blog de Ignacio Izquierdo.  Algunos ya lo conoceis, otros habeis oído hablar de él por aquí o habeis llegado aquí a través de su blog.  A estas alturas ya no necesita presentación.  Sin más, os dejo mi intervención y os invito a pasaros por su blog con asiduidad.  No os defraudará.

Vuelve el hombre pegado a una cámara

Parece que fue ayer cuando, desde este blog, deseábamos suerte a nuestro particular Willy Fog en el inicio de su viaje alrededor del mundo.  Hoy, después de un año y medio, Ignacio Izquierdo nos envía el capítulo de cierre de algo que, sin duda, ha de tener continuación.

Durante todo este tiempo, a pesar de estar a miles de km de distancia, Ignacio se ha encargado de que nadie le echara de menos, envíandonos preciosas postales casi a diario desde todos los lugares que ha visitado.  Nos ha contado las cosas que ha aprendido, nos ha presentado a la gente que ha conocido, y nos ha hecho partícipes de todas sus vivencias, hasta el punto de hacernos creer que por momentos estábamos a su lado.

Todos sabemos que no ha sido fácil, que Ignacio no ha estado de vacaciones durante un año y medio, sino más bien todo lo contrario.  Ha estado trabajando duro, ha estado moldeando sus ilusiones, construyéndose a sí mismo y preparándose para abordar el futuro que él desea y que todos esperamos logre conseguir.  Porque nada nos viene dado, y nuestras vidas no son más que aquello que nosotros mismos elegimos, he aquí una persona que un día decidió ser dueño de su vida sin que nadie ni nada pudiera impedírselo.

A partir de este momento seguirá trabajando, seguirá luchando por lo que desea y seguirá creciendo, recordándonos a todos que a veces no hace falta cerrar los ojos para soñar.

No puedo más que desearle lo mejor para su próxima etapa, en la que espero poder seguir acompañándole.

Gracias Igna, un millón de abrazos y bienvenido a casa.

Mi primera entrevista!!

Vale, me la ha hecho un amigo y sólo se ha publicado en blog… pero a mí me hace ilusión! : )

Aquí os la dejo

Si eres Arquitecto, si te interesa la Arquitectura o si estás pensando en estudiar esta carrera, no te pierdas el resto de entrevistas que ha recopilado Lectorbajito. Muy interesante ver los diferentes puntos de vista de la gente que pertenece a este mundo.

Gracias compi, el placer es mío

El joven domador de “Lepidotera robustus”

Un día, sin que él se diera cuenta, me colé por La trampilla y le robé uno de sus collages.
http://latrampilla.wordpress.com/2009/10/08/o14-el-joven-domador-de-lepidotera-robustus/
Quién me iba a decir a mí que aquella imagen tenía algo que contarme…

lepidotera-robustus1

.Héctor no conseguía dormir esta noche.  Mañana era el gran día y los nervios le mantenían completamente despierto.  Llevaba horas dando vueltas en la cama, imaginándose cómo ocurriría.  Su abuelo le había dado instrucciones claras.  Debía levantarse sin despertar a nadie, coger la cometa y dirigirse al bosque, al lugar de siempre, para echarla a volar.  Pero miles de dudas rondaban su cabeza… por qué su abuelo no quería acompañarle esta vez? Y qué pasaría si la cometa no volaba? Y si alguien se despertaba? No, eso no podía suceder, debía ser cauteloso y hacerlo con mucho cuidado. Si no lo conseguía su abuelo se sentiría muy decepcionado.

Recordaba el momento en que habían terminado la cometa, tres días antes.  Tenía grabada en su memoria la imagen de su abuelo contemplando su obra de arte.  Nunca lo había visto así antes, se había quedado petrificado frente a ella. Ensimismado, y con los ojos llorosos, había alargado su mano arrugada y temblorosa para repasar, casi sin tocarlas, todas las costuras de la cometa.  Al terminar, había dirigido su mano hacia su cara, como si también quisiera repasar sus propias arrugas. De repente, su abuelo parecía preocupado por su imagen, por sus arrugas, por su vejez.

-qué te pasa abuelo? Preguntó Héctor

-nada hijo. Te acuerdas del día que murió tu abuela?

-no

-tú eras muy pequeño, pero aquél día una mariposa entró en casa y estuvo revoloteando a nuestro alrededor durante horas.  Aquella mariposa era exactamente igual que ésta, y  el nombre de esta especie es el mismo que el de tu abuela.

Sólo entonces Héctor había entendido por qué aquella cometa tenía que ser perfecta. Su abuelo había insistido desde el principio en que así lo fuera, entre los dos debían conseguir que fuese la mejor de todas las que habían hecho.

A Héctor siempre le habían fascinado las cometas que su familia fabricaba.  Desde muy pequeño, solía pasarse horas contemplando cómo su abuelo cosía con paciencia las distintas telas de colores. Cada cometa era todo un reto para él.  Seguía el proceso de creación de todas ellas con gran interés, vigilando que todo se llevara a cabo a la perfección.

Pero lo que más le había gustado desde siempre era el momento en que las echaban a volar para comprobar si funcionaban.  Sabía que el más mínimo error provocaría que la cometa no pudiese mantenerse en el aire y, aunque eso sólo había sucedido una vez desde que Héctor había nacido, era un miedo que le acompañaba constantemente.  Siempre las probaban los domingos, ya que era el día que todos estaban en casa por la mañana.  Cada vez que una cometa se terminaba a media semana, Héctor se pasaba los días esperando ansioso a que llegara el domingo.  Sus padres lo veían corretear por la casa nervioso y agitado, y les resultaba difícil negarse a las súplicas del pequeño pidiendo que le dejaran probarla con antelación, pero sabían que no podían ceder.  Formaba parte de su educación, debía aprender a ser paciente.

Cuando por fin llegaba el domingo, Héctor era siempre el primero en levantarse, y empezaba su habitual recorrido por todas las habitaciones de la casa, despertando uno a uno a todos los miembros de su familia. Pero esta vez era diferente.  Mañana Héctor no podía despertar a nadie, debía hacerlo él sólo, y debía hacerlo bien.

Cuando por fin atisbó el primer rayo de luz, salió de su cama y, tratando de mantener la calma, preparó su desayuno, con cuidado de no despertar a nadie.  Terminó de comer y recogió la mesa, tal y como le habían enseñado.  Intentando disimular su excitación, sólo para convencerse a sí mismo de que ya era mayor y podía afrontar la vida con la templanza necesaria, se dirigió al taller donde le aguardaba la cometa.

La contempló inmóvil durante unos segundos, ignorando que esta sería la última vez.  Las costuras en las alas, que su abuelo había cuidado tanto, le parecían una obra de arte. Ahora estaba convencido,  ésta era con diferencia la mejor de sus creaciones.

Con cuidado, la levantó, salió de la casa y se dirigió hacia el bosque, al tiempo que la luz del sol se abría paso entre los árboles. La dejó reposar en el lugar donde siempre las probaban. Una vez más, la miró, suspiró hondo, y empezó a separarse de ella. La levantó ligeramente y empezó a desenrollar la tanza, al tiempo que la cometa iba elevándose.  La mariposa no tardó en levantar vuelo, de una manera tan suave que a Héctor le pareció que se movía por si sola, independiente de la tanza que la unía con sus manos.

La mantuvo un rato en el aire, balanceándola de un lado a otro.  Pero de pronto, Héctor sintió como la cometa empezaba a tirar de él con más fuerza. El impulso era tal que casi levantaba sus pies del suelo. No podría aguantar durante mucho tiempo.  No sabía qué hacer, no podía dejar que se le escapase. Si la perdía o la rompía, su abuelo no se lo perdonaría nunca.

Contempló atónito cómo la cometa empezaba a cobrar vida. De repente, las alas de la mariposa se movían de arriba abajo, y sus colores brillaban con más fuerza.  Las costuras, que antes eran finas líneas casi imperceptibles desde la distancia, se convertían en gruesos lazos de un negro brillante que dibujaban formas y motivos preciosos.  Se movía con fuerza, de un lado a otro, empujándole a él también, aun cuando el viento era constante.

Durante un rato, luchó contra ella, intentando manejar su movimiento, pero no conseguía dominarla. Había perdido por completo el control de la cometa, y no lograba recuperarlo.

De repente lo comprendió. Ahora entendía lo que estaba sucediendo.  Esta vez sería imposible domarla.  Esta cometa no se quedaría a su lado, por más que él intentara retenerla. Echaría a volar y se iría lejos, sin que él pudiera hacer nada para impedirlo.

Resignado, abrió sus manos y dejó que la tanza se deslizara entre sus dedos.  La mariposa voló en libertad mientras las lágrimas resbalaban por las mejillas de Héctor.  El animal se movía frenético, de un lado a otro, de arriba a abajo, cambiando repentinamente la dirección del vuelo, daba vueltas sobre sí mismo, como si no supiera a dónde ir.

De pronto, la mariposa se dirigió hacia Héctor, con tal velocidad que el muchacho se asustó. Por un momento creyó que iba a embestirle pero en su lugar se detuvo en seco cuando llegó frente a él, y se quedó mirándole fijamente. El pequeño pudo ver el brillo de sus ojos, ese brillo que tan bien conocía. Pasaron sólo unos segundos que a Héctor le parecieron eternos, y después las alas de la enorme cometa empezaron a moverse de nuevo.  Arrancó vuelo y esta vez no miró hacia atrás.  Se marchó despacio, alejándose poco a poco, hasta que desapareció en la lejanía.

Héctor se secó la cara, se dio la vuelta y volvió a casa.

Cuando llegó todos estaban esperándole para darle la noticia.

Héctor no se entristeció. Sabía que ahora, por fin, su abuelo volvería a ser feliz.

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Gracias Adri

Conversaciones de tarados que, probablemente, no le interesen a nadie más que a nosotros

-Si te ha ocurrido sabes que parece haber durado más de lo que realmente duró, que lo sucedido se guarda al detalle, profunda e involuntariamente. Queda la duda de que entre lo que dependió de ti, qué parte se hizo de modo consciente y qué parte inconsciente. Qué maravillosa emoción cuando todo termina. Cinco años, o seis.

-y cuando te parece que ha durado menos de lo que realmente duró? años, meses, días.. se acaban concentrado en pocas horas cuando te vas alejando. Dicen que cuando te mueres ves pasar toda tu vida en unos segundos. Quizás es que no duramos más que eso. Segundos.

-El que parezca que ha durado menos de lo que realmente duró suena a autoprotección, es así porque así tiene que ser, porque en algo nos beneficia, y que no es voluntaria y conscientemente decidido. Cuando parece que te vas a morir, ves pasar por delante pocas cosas, pero las ves de verdad, descubres qué es lo que te importa y, si no te mueres, sabes mejor las cosas que sabías antes de que pareciese que no iba a ser así. Pocos segundos.

-No es autoprotección, es como funcionan los recuerdos, que siempre, siempre, siempre acaban diluyéndose, sin que podamos evitarlo. Espero no necesitar un conato de muerte para ver de verdad las cosas que me importan.
3 segundos.

-La memoria es engañosa, recordamos bastante peor de lo que creemos. Completamos e inventamos el pasado con cosas que no han sucedido. Ahora que pienso en ello, no recuerdo nada de aquella noche en Mambo cerca del alba; ni de aquella ni de otras como aquella. Me alegro de haber pasado por aquello, serían unos… once segundos.

-Un momento puede durar tres días, 2 minutos o diez años pero el recuerdo del mismo no tarda más q unos segundos en pasar por tu cabeza.
Completamos el pasado con cosas que no han sucedido para cubrir los huecos de aquello que se nos ha olvidado y así pretender que nuestro recuerdo abarca todo nuestro pasado, porque sabemos que una vez pasado, no queda nada de aquello, más que los recuerdos.

-Has probado a decir “momento” en voz alta? Tiene música esta palabra. Se haría duro no identificarnos con lo vivido, con el pasado. De nuevo algo que no decidimos voluntariamente nos la juega mirando por nuestro bien, como una abuela, de forma que el pasado tenga sentido para nosotros y nosotros tengamos sentido dentro de ese pasado. Tenemos pasado, qué suerte. Pasados tres segundos de memoria.

-MOMENTO!!!! es verdad, suena bien.. jajaja.
Deberíamos escribir un libro, no crees? uno que tarde años en escribirse pero que se lea en tan sólo unos segundos. Como nuestro pasado

-No puedo dejar de decir “momento”. Tendríamos que escribir el peor libro del mundo y alrededores, uno que no interesase a nadie más que a quienes lo escriben. Cómo me gusta la frase que has puesto, aunque qué poco interesantes somos si nuestra vida puede leerse en unos segundos, segundos, segundos, momento.

-Poco interesante lo serás tú!  :P
A veces un segundo puede ser mucho más intenso que toda una vida. Si puedes morirte recordando 3 segundos de este tipo, puedes estar contento. No todo el mundo puede.

La bufanda

Todo surgió en aquella conversación con Alejandro, cuando me pidió que escribiera un relato para su blog.  A cambio, le dije, tendrás que escribir la segunda parte de uno de mis relatos.  Es un experimento que ya hice otra vez con otro amigo, y resultó muy divertido.  Entonces Alejandro empezó a escribir la segunda parte de Good Bye, y cuando me la envió resultó que su interpretación de mi relato y de su continuación era completamente diferente a la que estaba en mi cabeza, lo cual nos pareció muy gracioso.

Comenzó así un intercambio de puntos puntos de vista que, sin quererlo, fue desviándose hacia la idea de compartir un proyecto literario. Entre las diferentes opciones, decidimos escoger un momento vivido por una pareja, y plasmarlo por separado sin que ninguno de los dos supiera nada del relato del otro, para luego juntarlos y ver el resultado.  En este caso, se trata del momento anterior al Good Bye, cuando algo ocurre entre los dos y deciden separarse.  Por supuesto, tuvimos que acordar algunas cosas de antemano, como el tiempo verbal y un par de momentos que se repiten en los dos relatos para darles cohesión, pero el resto fue completamente independiente hasta hoy, que compartimos los relatos.

El resultado es este.

Él.

No me lo podía creer.  Cómo había podido hacerme esto?  Estaba allí, frente a ella, después de tantos años, y no la reconocía. Esos ojos, esa boca… vagamente me sonaban, pero ya no sabía a quién pertenecían.  Sentía como una fuerza inmensa oprimía mi pecho. Tenía ganas de llorar.  No, en realidad no quería llorar, lo que quería era gritar.  Gritar hasta quedarme sin voz, gritarle que se fuera y que no volviera nunca más.  Pero no conseguía articular ni una palabra.  El suelo se movía bajo mis pies, como queriendo llevarme a algún lugar.  Quizás a algún lugar lejos de allí, donde nada tuviera sentido.  Porque ya nada tenía sentido.

Levanté la mirada y de repente me encontré con la suya.  Me fulminó descubrir que ya no veía nada a través de sus ojos.  Lo que antes era transparente de repente se había convertido en algo tan opaco que lo único que generaba eran reflejos.   En ellos veía ahora mi rabia reflejada,  mi impotencia, mi decepción.  Por un instante dudé de lo que estaba viendo… era el reflejo de mis propios sentimientos o era que ella estaba sintiendo lo mismo? No, no podía ser.  Ella era la que me había fallado a mí, por qué iba a sentirse traicionada si todo era culpa de ella? Porque yo no nunca hubiera reaccionado así de no ser por…

Espera un momento, qué era ese destello en sus pupilas? No, no era posible…  Sus ojos se estaban volviendo brillantes,  se estaban empapando, de esa manera tan cruel que yo no podía soportar.  Por favor, no llores. No, ahora no… espera un…

Instintivamente, me di la vuelta y me dirigí a la habitación.  Necesitaba irme de allí cuanto antes, pero a la vez necesitaba llevarme algo conmigo.  Aquella bufanda que ella me había regalado hacía tiempo, y que había significado tanto para los dos, no podía quedarse en aquel lugar. Debía llevármela conmigo. No pude encontrarla en la habitación, recorrí la casa en su búsqueda, y finalmente abrí el cajón que la guardaba con recelo.   Iba decidido a cogerla, sin embargo, un pensamiento me detuvo.  Si me la llevaba estaría llevándome su recuerdo, y eso era precisamente lo que quería olvidar. ¿O no? Me quedé mirando la bufanda durante unos segundos, que se dilataron en el tiempo al igual que las pupilas de sus ojos se dilataban hacía apenas unos segundos.  No quería llevármela conmigo porque ya no me pertenecía, al igual que esa mujer que estaba inmóvil a mi lado.  Tampoco esa casa, a la que no volvería nunca.  Ya no eran mías, no podía llevármelas.  Debía dejarlas ahí, y marcharme lejos, donde no pudieran encontrarme.

Sin darme cuenta ya había cogido la bufanda… ¿qué iba a hacer ahora? Quería tirarla, quería arrojarla con fuerza pero algo me lo impedía.  No podía dejarla, tenía que llevármela conmigo.  Tenía que llevármela porque sería lo único que me recordase lo feliz que había sido durante todos estos años.  Sería mi único lazo con ella.  Pero no quería ningún lazo, lo que quería era largarme de allí y no volver nunca más a ese lugar, y no volver a ver esos ojos en mi vida.  No quería tener ningún recuerdo, porque ya no se merecía tener un sitio en mi corazón… ¿y qué haré cuando la eche de menos? Pensaba… Porque la voy a echar de menos… No! No podía echar de menos a alguien que me había hecho tanto daño, tenía que olvidarme de ella.  Deja la bufanda, tírala con fuerza y escapa. Me dije.  Márchate corriendo y no mires atrás, márchate ahora, y deja la bufanda ahí.

Me dirigí a la puerta apresuradamente, la abrí y eché a correr.  En mi mano llevaba la bufanda que ella me había regalado cuando aún me quería, y no conseguía soltarla.

Ella.

La situación se precipitó, era una confrontación que no por esperada habría sido más llevadera. Lo más increíble para ella fue su cara de sorpresa. ¡No se podía creer su reacción! Lo habían construido juntos, equilibrado su relación y sus caracteres. Lo había analizado, interpretado, desmenuzado, previsto, estudiado bajo todo tipo de enfoques junto a Anna, su verdadero apoyo desde hacía demasiado tiempo. Ahora lo comprendía todo. Las virtudes se convierten en defectos según las circunstancias. Su nula habilidad para evolucionar, entenderla o entenderse a sí mismo eran su lacra. Ella sabía que llevaba su parte. Las cosas se hacían a su manera o exigían una dolorosa negociación. Si cedía malo y si no, peor. Nadie es fácil de tratar.

La verdad es que alivio fue lo primero que sintió. Todo iba a terminar. Estaba esperándole, obviamente desde hacía demasiado. A aceptar que no tenía más objetivos. La situación tal como estaba colmaba sus expectativas en la vida y cualquier revolución debía proceder siempre de ella. Pero ya no tenía ilusión por tirar del carro. Podía ignorar los silencios, pero la sumisión (nunca, ni en el más penoso de sus sueños, había esperado acabar como sus propios padres) le resultaba intolerable. Lo tapaba todo.

Quiso hacerle daño, pincharle para ver si sangraba. Le parecía la única salida y eso que nunca se había tenido por alguien cruel ni mezquino. Tenía miedo de sí misma. Las dudas se cernían sobre su decisión, compasión o cariño, o simplemente un recuerdo de lo que habían compartido. No había vuelta atrás.

¿Habría valor para confrontar los hechos? Era duro y sabía que dignidad y orgullo tenían que salir, debían salir, necesitaba que salieran. Podía luchar, si no luchaba… Lo vio ir a la habitación, abrir el armario, la cómoda, volver al lavadero, habitación otra vez. Aguardaba impaciente a que algo ocurriese o la ternura se impondría. Buscaba algo, una clave, una solución. Pero no decía nada, miraba al pasar, de reojo, seguía su camino. Y al final la encontró, como el final de una búsqueda personal, el final de su camino juntos, sacó la bufanda del cajón, no recordaba cómo había llegado hasta allí. Se produjo una descompresión total, su mente se fue, conocía la sensación, después de un largo período de stress, el relax de pasar una dura prueba.

Sus silencios encerraban una vida interior. Supo que las cosas podrían haber sido distintas, no necesariamente mejores pues el listón estaba bastante alto, pero tanto como si hubiesen sido dos personas diferentes y el recorrido, otro. El final alternativo, nunca lo sabrían pero le gustaba más su película.

No quiso exteriorizar sus conclusiones porque no sabía cómo reaccionaría, la seguridad la había abandonado. Su relación pasó directamente a la condición de recuerdo y sabía que sería uno bueno, de los mejores, pero esa misma seguridad la acompañaba en la convicción de que todo había terminado.

Se quedó de pie esperando. Él, con la bufanda en la mano. No duró mucho. En realidad fue bastante vertiginoso. Pasó a su lado, salió de la habitación y se marchó. A partir de ahí, pues la nada. ¿Qué hace uno después de semejante momento? Cualquier actividad parecería una falta de respeto y se quedó allí mirando por la ventana.  No tenía sentido, cogió la cartera y las llaves y bajó al super, tenía que acordarse del papel higiénico, que ya no quedaba.

Érase un hombre a una cámara pegado

Qué harías si perdieras tu trabajo? Con seguridad alguien os ha hecho esta pregunta recientemente. La situación del mundo en general hace que todos nos planteemos qué pasaría si, como muchos otros, perdiéramos nuestros trabajos. La respuesta más común es una mirada al cielo, seguida de un profundo suspiro, un tímido buff… no sé… y un tajante crucemos los dedos para que eso no ocurra, que a menudo viene a significar mejor no hablemos de ese tema que me deprimo.

A mí personalmente me gusta pensar que si algún día pierdo mi trabajo no será culpa de la crisis mundial sino que simplemente será el momento oportuno para dejar la oficina en la que estoy.  No me asusta pensar que quizás no encuentre otro trabajo, ni me da miedo imaginarme buscando debajo de las piedras algo con lo que poder subsistir. Suelo  pensar que las cosas ocurren por una razón, que cuando una puerta se cierra detrás de ti no hay que intentar volver a abrirla sino empezar a caminar hasta encontrar la siguiente, que tarde o temprano aparecerá un nuevo camino, y que los golpes de mala suerte siempre, siempre, siempre, son una oportunidad, ya sea para mejorar, para cambiar o simplemente para aprender.

Esa misma visión sobre la crisis tiene un amigo al que aprecio muchísimo y que, de alguna manera, es un ejemplo a seguir para mí. Ignacio Izquierdo, a quien tuve el placer de conocer durante mi erasmus en Karlsruhe, y con quien tuve la suerte de compartir mis primeros meses en Londres, se ha visto recientemente golpeado por ese gigante que nos amenaza.  Se encontraba desde hace cosa de un año viviendo en Japón, viendo cómo ese sueño que anhelaba desde hacía tiempo se iba convirtiendo en realidad. Por suerte o por desgracia, el proyecto en el que estaba trabajando se ha paralizado y de repente su estancia en el país del sol naciente ha llegado a su fin.

Hace unos meses, cuando empezaban los problemas con su proyecto, Ignacio cruzaba los dedos para pudiera seguir adelante y así prolongar su estancia en ese país que ya había conquistado su corazoncito. Hoy, ya de vuelta en España, creo que el sentimiento de tristeza por tener que volver se ve compensado con la ilusión y las ganas de emprender su próxima aventura y ver cómo otro de sus sueños se hace realidad.

Convirtiendo crisis en oportunidad“, Ignacio está ahora ultimando los preparativos para iniciar un viaje alrededor del mundo que, probablemente, no habría encontrado momento más propicio que este.

Armado con su preciada cámara, le veré partir desde Londres y empezar a disparar sin descanso apuntando hacia  “Rusia, Tibet, Nepal y el Sureste Asiático, que será la parte más importante del viaje, breve parada en Australia y muy larga en Nueva Zelanda y acabar cruzando el Pacífico para atravesar Estados Unidos antes de volver al viejo continente”. En la mochila, lo mínimo necesario para sobrevivir, además de todos los accesorios para la cámara y unos cuantos kilos de ilusiones, sueños y esperanzas. Tras sus huellas, la sombra de todos los que intentaremos acompañarle desde la distancia, esperando con impaciencia el relato de sus aventuras.

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Para tí, pequeño Willie Fog, un paquete de ánimos adobados con envidia (de la sana, of course),  mis mejores deseos para los próximos meses y un abrazo enorme que también recibirás en persona.

Para todos los demás, no dejeis de pasaros por su página web, os aseguro que no os defraudará, podeis aprender y descubrir muchas cosas. También podeis ver sus fotos viajeras y de otros tipos aquí. Sabed que está buscando patrocinadores así que si sabeis de alguien a quien le pueda interesar no dudeis en contactar con él.

Aquí teneis la ruta que ha escogido…

El trayecto

Igna, hoy brindo por tí, para que sigas luchando por tus sueños, para que siempre consigas hacerlos realidad y para que no dejes de compartirlos con nosotros.

ENHORABUENA, por ser capaz de echarte a andar aunque te tiemblen las piernecitas.

BUENA SUERTE  y a comerte el mundo!! (entero)


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GEISHA OF GION, Mineko Iwasaki. SALMON FISHING IN THE YEMEN, Paul Torday. BROOKLYNG FOLLIES, Paul Auster. THE BOOK OF ILLUSIONS, Paul Auster. LA CATEDRAL DEL MAR, Ildefonso Falcones. LOS BORGIA, Mario Puzo. EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE, Mark Haddon. EL RETRATO DE DORIAN GRAY, Oscar Wilde. LA FLAQUEZA DEL BOLCHEVIQUE, Lorenzo Silva. BALZAC Y LA JOVEN COSTURERA CHINA, Dai Sijie. SEDA, Alessandro Baricco. CUENTOS, Mario Benedetti. LA HOGUERA DE LAS VANIDADES, Tom Wolfe. LA METAMORFOSIS , Franz Kafka. VERONICA DECIDE MORIR, Paulo Coelho. LOS PILARES DE LA TIERRA,Ken Follet. ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA, Friedrich Niestzche. LA SOMBRA DEL VIENTO, Carlos Ruíz Zafón. KAFKA EN LA ORILLA, Haruki Murakami. TOKIO BLUES, Haruki Murakami.

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El Orfanato, Los otros, El laberinto del Fauno, Tesis, Seven, La vida de David Gale, Crash, El viaje de Chihiro, Speed, Primavera verano otoño invierno y primavera, Deseando amar, Desayuno con diamantes, Charlie y la fábrica de chocolate, Toy story, El Milagro de P-Tinto, Babel, La vida secreta de las palabras, Mi vida sin mi, El espinazo del diablo, El diario de Noah, 9 reinas.
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