La Ciudad de la Cultura, pero… de cuál?

Soy gallega y me siento orgullosa de ello.

Me siento orgullosa de nuestra cultura, de nuestra gente, de nuestras costumbres… de nuestros paisajes y nuestra Arquitectura, de nuestros pueblos, de nuestras playas, de nuestra lluvia y nuestra indecisión.  Me halaga pensar que a la gente le gusta visitarnos, y que muchos de los que vienen acaban volviendo en busca de ese “nosequé” que, dicen,  tiene nuestra tierra.

Me siento orgullosa de pertenecer a un pueblo que siempre ha sido humilde, sencillo y, sobre todo, sincero.  Un pueblo que acoge a sus invitados con los brazos abiertos, mostrándoles sin pudor todas las caras de nuestra historia.

Quizás sería ahora el momento de mencionar el orgullo que me confiere la reciente inauguración de nuestra “faraónica” Ciudad de la Cultura que, según los medios, parece haberse convertido en el mejor reclamo que posee nuestra tierra.  Pero lo cierto es que yo, como gallega, no me siento orgullosa de ella.  Por más que salga en los telediarios, por más que intenten vendérnosla como el símbolo de la apuesta cultural gallega en Santiago de Compostela, a mí no me acaba de convencer.

Un proyecto arquitectónico desmesurado que, lejos de plasmar una supuesta concha de vieira, se presenta como un espejo de ambiciones y vanidades que unos pocos no han sabido controlar, no puede ser, en ningún caso, reflejo ni orgullo del pueblo y la cultura gallega.

Quizás habría sido más acertado invertir ese dinero en otro tipo de actividades que promovieran nuestro desarrollo cultural, o quizás es que la moda de crear  “templos” modernos a los que peregrinar sea la única forma de dinamizar una ciudad en nuestros días.  Pero lo cierto es que Santiago ya tiene un templo de peregrinaje, que aunque no es de los modernos, está a la altura de cualquier Guggenheim, y que me hace preguntarme si todo esto era realmente necesario, o si no habría sido mejor invertir en otro tipo de proyectos como la mejora, el impulso y el desarrollo de lo que ya tenemos en Galicia.

Pero nos pudo la envidia, nos pudo la soberbia y el engreimiento y no pudimos evitar querer ser como otros lugares que, gracias a la realización de un proyecto ambicioso se han dado a conocer al mundo.  Y me parece muy bien, no critico que haya quien esté dispuesto a arriesgar, a apostar por una idea y ser consecuente con ella. Pero, si estamos hablando de cultura, y se trata de potenciar nuestra identidad , al menos podían haber concedido el proyecto a cualquiera de los grandes arquitectos que han nacido en Galicia y que habría sabido representarnos de una manera más acorde a nuestra forma de ser, en lugar de confiar nuestra imagen y nuestro presupuesto a alguien que conoce Galicia tan bien como nosotros conocemos Nueva York, y a quien le importa un comino cuál es nuestra identidad o cuánto dinero tenemos que gastarnos con tal de ver realizado su capricho arquitectónico.

Quizás hayamos querido tocar el cielo y ahora no encontremos la escalera de bajada.  O a lo mejor todo esto tiene un final feliz y de repente nos convertimos en la envidia nacional.  Sea como sea,  creo que nunca podré sentirme orgullosa de ello porque si hay una palabra que defina nuestro pueblo, esa es “humildad”, que es precisamente lo que creo que le falta a este proyecto.

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4 Responses to “La Ciudad de la Cultura, pero… de cuál?”


  1. 1 Sirventés febrero 1, 2011 en 10:38 am

    Se lo han encargado a un arquitecto extranjero porque los del país son malos. Eso pasa en todas partes. Los arquitectos tienen que ser extranjeros porque eso da caché. Y cuando el arquitecto es famoso, igual puede volver a su país y diseñar algo. Bueno, excepto en UK, que todo lo hace Foster.

  2. 2 Vanessa febrero 1, 2011 en 12:22 pm

    No sé por qué siempre pensamos que los de fuera son mejores que nosotros, y no es así, hay gente en nuestro país preparadísima que simplemente no tiene los medios para despuntar, y por eso no son famosos.

    Además, para construir un edificio mastodóntico no hace falta ser un buen arquitecto, lo único que hace falta es tener un buen presupuesto (o creerte que no existe un presupuesto, como hizo el susodicho)

  3. 3 monttse febrero 1, 2011 en 10:30 pm

    Bueno, yo creo que las obras faraónicas no son viables muchas veces pero tb son necesarias. La Capilla Sixtina, las pirámides de Egipto etc etc… proyectos que son un legado de la cultura, miles de años después transmiten y transportan a otra época, dan valor a un país, revelan una forma de vida.. no sé, me gusta pensar que en éste siglo también se haran construcciones que dejen huella mil años después.

    Pero bueno, sí, siendo practicos es una locura y no se si eso de lo que hablas es lo mismo de lo que estoy hablando yo :), no conozco el proyecto en cuestión.

  4. 4 Vanessa febrero 1, 2011 en 11:04 pm

    Estoy de acuerdo contigo en que las grandes obras que perduran nos cuentan cosas de nuestros antepasados, aunque cuesta bastante imaginarse que, a la velocidad que vamos, alguna quede en pie dentro de unos cuantos miles de años, jejeje. Es broma, tienes razón, pero precisamente por eso me gustaría que ese tipo de proyectos fueran realizados, al menos, por alguien que nació en ese lugar y que quizás sea capaz de transmitir mejor lo que es la cultura y la historia de la gente que habita ese sitio. Al final, todas estas megaobras que están proliferando por ahí no nos cuentan absolutamente nada del lugar y se convierten en un simple elemento escultórico que no sirve más que para alegrar la vista y que podría ser transportado de un lugar a otro sin que nada cambiase entre ellos. Poca historia pueden transmitir así…

    Por cierto, la obrita de la que hablo es la Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela, seguro que te suena de verla en los telediarios la semana pasada, que vinieron los príncipes a inaugurarla.


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