14 pasos

Había perdido la visión muchos años atrás. Sus oídos apenas recibían más que leves sonidos inconexos que a veces la sobresaltaban, y al dejar de escuchar, con el tiempo también había dejado de hablar. Sin embargo, a pesar de sus 82 años, su mente se mantenía completamente lúcida. Con la edad había perdido todos los sentidos, pero seguía percibiendo todo lo que ocurría a su alrededor.

Pasaba la mayor parte del tiempo sentada en su mecedora, con la mirada perdida, pero de vez en cuando se levantaba y caminaba por la casa en busca de compañía, o simplemente para comprobar que todo seguía en su sitio. Conocía perfectamente aquellos muros, sabía exactamente el número de pasos que la conducirían a cada habitación, y ya ni siquiera necesitaba contarlos. Había pasado toda su vida en aquella casa, donde había nacido, y conocía cada uno de sus rincones aún cuando ya no podía verlos.

De repente, aquel día, supo que había llegado su hora. No se extrañó ni se asustó. Hacía tiempo que estaba preparada para ello. Sus piernas flaqueaban y sus párpados pesaban. Se sentía desvanecer. Notaba cómo todo su cuerpo se iba desmoronando poco a poco… se habría quedado allí, en aquel instante, en paz consigo misma y en silencio. Habría cerrado los ojos y se habría marchado sonriendo, recordando lo feliz que había sido a lo largo de su vida. Sin embargo, sabía que tenía que hacer un último esfuerzo.

Quiso gritar, pero recordó que había perdido la voz hacía tiempo. Quería llamarles, quería decirles cuánto les quería, necesitaba sentirles cerca por última vez pero no sabía cómo hacerles saber lo que estaba sucediendo.  Quería contarles que no tenía miedo, y que ellos tampoco debían tenerlo. Estaba preparada para morir, y quería que lo supieran, pero no podía hablar, y ni siquiera tenía fuerzas para moverse.

Sin apenas darse cuenta, sus oídos habían recuperado la audición, y pudo escuchar con nitidez sus voces, que resonaban desde la cocina. Tenía que conseguir llegar hasta allí. Estaba cerca, sólo eran 14 pasos. Ni siquiera se sentía capaz de levantarse, pero tenía que hacerlo. No podía marcharse sin sentirles por última vez.

Recordó todos los momentos que había pasado con ellos, y casi sin darse cuenta de repente se encontraba de pie. Empezó a mover sus piernas, lentamente, y poco a poco su cuerpo se fue deslizando. Se apoyaba en la pared, como tantas otras veces lo había hecho para guiarse por aquel pasillo.  Aquellos 14 pasos se le antojaron eternos. Por fin, consiguió llegar hasta el umbral de la puerta, y asomarse ante la mirada perpleja de todos ellos. Se quedó inmóvil durante dos segundos, lo que tardaron en llegar hasta ella y sujetarla. Le hablaban, pero enseguida se dieron cuenta de que era ella quien tenía algo que decir. Se hizo el silencio. Ella separó levemente sus labios, pero ningún sonido salió de su boca. No era necesario, sus ojos hablaban ahora por ella.

En aquel momento, el negro inmenso en el que había vivido sus últimos años  se difuminó y de repente una imagen apareció en su retina. Por unas décimas de segundos, pudo verlos, inmóviles, a su alrededor.

Fue suficiente. No hicieron falta palabras porque todos entendieron lo que decía aquella mirada. Ella también supo que lo habían entendido, y con eso le bastaba. Ya estaba todo hecho, no quedaba nada más.

Inspiró. Sintió cómo el aire atravesaba su garganta suavemente, casi sin rozarla,  y cómo se detenía antes de llegar a sus pulmones. Cerró los ojos. Suspiró. Y se marchó.

5 Responses to “14 pasos”


  1. 1 Jose Diego diciembre 15, 2009 a las 7:48 am

    Me encanta cuando te dejas llevar y compartes con nosotros estos relatos, normalmente tristes pero fantásticos y conmovedores.

    besos

  2. 2 Vanessa diciembre 15, 2009 a las 7:23 pm

    Gracias Jose Diego, supongo q siempre resulta más fácil dejar aflorar la tristeza q la alegría.
    Prometo intentar algo más alegre la próxima vez :)

  3. 3 Jose Diego diciembre 17, 2009 a las 9:06 am

    tienes razón en los momentos de felicidad no nos acordamos de escribir, sin embargo cuando nos encontramos tristes o menlancólicos es una buena manera de desahogarse.

    Por mi parte puedes seguir escribiendo cosas tristes no quiero tomes mis comentarios como un reproche, me encanta como escribes, el único inconveniente es que al leerlo en el trabajo y ser de lagrima fácil, debo esconderme detrás del monitor ;), pero que sepas que me encanta como escribes.

    besos

  4. 4 Vanessa diciembre 18, 2009 a las 7:57 pm

    gracias de nuevo! tus comentarios son todo un halago para mi :)
    espero que no te haya pillado el jefe con la lagrimilla, jeje

  5. 5 Jose Diego diciembre 19, 2009 a las 9:33 am

    jajaja, no, que no puede verme, lo tengo en frente, pero como tiene 3 pedazo monitores no puede verme.


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