En realidad, Krahe está siendo juzgado por ser Krahe. Por no querer ser un mojigato ni un aburrido, por no querer callarse, por no ser un cínico y por no respetar a un Dios imaginario (Jose A. Pérez. Mimesacojea)
En realidad, la batalla no es contra un vídeo que ha sido publicado y que ha podido “ofender” a ciertas personas. El enemigo es mucho mayor, más peligroso y más poderoso. No es un individuo que se dedica a cantar y hace algún vídeo de vez en cuando, sino que es un ser milenario que lleva siglos amenazando el planeta.
Hablamos de una guerra. Un conflicto tan viejo como los años DC, y que nunca se acabará. La guerra contra la libertad. La guerra contra los que, como dice Jose A. Pérez, no quieren ser mojigatos, no quieren aburrirse y no van a callarse por respeto al Dios del cinismo.
Se trata de dejar bien claro quién tiene el poder, y la única manera de conseguirlo es coartando la libertad de los que están por debajo de ellos. Porque su poder empieza donde acaba tu libertad, y las dos cosas no pueden convivir.
Me viene a la cabeza la película Radio encubierta, un gran ejemplo de cómo aquellos que disfrutan de la vida, aman lo que hacen y defienden aquello en lo que creen, son irremediablemente perseguidos por los que ven esa libertad como una amenaza contra su posición y se ven en la obligación de proteger al mundo de semejante peligro. Lo que ellos no saben es que hay cosas que no pueden eliminarse, y que intentar deshacerse de unos cuantos no hace más que potenciar la unión de los demás…
Quizás Javier Krahe pague esta vez la multa por haberse saltado una ley. Tal vez esté pagando él por todas las personas que dicen lo que piensan, que creen en algo que no es precisamente un Dios, que se divierten y que sólo respetan las leyes que no están escritas. Quizás sea castigado injustamente para pagar por los pecados de toda la humanidad. Pero no se quejará, cargará su cruz con resignación, perdonará a los que le condenan y no intentará salvarse porque sabe que ha de morir para salvarnos a nosotros… Al cabo de muchos años, alguien le cocinará, pero en lugar de ofenderse, él se reirá a carcajadas.
Lo más gracioso de todo es que hasta hace unos días yo nunca había oído hablar de Javier Krahe, y no había visto el vídeo en cuestión. Gracias a la gran labor de estos defensores de la fe, ahora, lo admiro.
