Hoy me levanté para ir al médico. Llevaba varios días con una irritación en la garganta que, a pesar de no parecer seria a simple vista, estaba acabando con mis defensas así que, antes de esperar a que un alien pudiera asentarse en mi boca como antaño, decidí ir en busca del consejo de un profesional, que fuera capaz de diagnosticar la gravedad del asunto.
Llegué allí, donde me atendió una doctora muy maja que se limitó a tomarme la temperatura y hacerme abrir la boca para “echarle un vistazo” que duró medio segundo y fue realizado a una distancia de casi medio metro de mi cara. Preguntas pertinentes sobre antecedentes, problemas similares en el pasado, alergias y demás… para concluir que hay una irritación en mi garganta. Gracias, buena mujer!! El caso es que, según me explicó, no podía distinguir si se trataba de una infección viral o bacterial (claro, es que sin mirarla es difícil, sabe?), así que, dada la posibilidad de necesitar antibióticos para cortar la infección, decidió recetármelos. Pero he dicho recetármelos, lo cual no significa que me mandara tomarlos…
Qué hace uno cuando no sabe cómo hacer su trabajo? pasarle la pelota a otro, no? si tú no eres capaz de tomar una decisión lo que haces es dejar que otro la tome por ti, y así, en el caso de que haya consecuencias, tú quedas libre de culpa. Pues bien, la señora doctora me dio la receta de los antibióticos, porque “digamos… emmm, bueno, yo diría que… Penicilina”, pero en lugar de decirme que los tomara, me explicó que sólo debía tomarlos si yo lo consideraba necesario. Así, si la cosa empeoraba, yo empezaría a tomar los antibióticos, esto sin ni siquiera saber si tenía una faringitis, un simple catarro o un cáncer de garganta!! y si la cosa mejoraba pues nada, tiramos la receta a la basura. Y así, tan pancha, escribió su diagnóstico en el archivo. Todo esto además, dando por hecho desde el primer momento que yo ya estaba automedicándome con el “típico paracetamol” y que ya no era necesario mencionar analgésicos o antiinflamatorios ni mucho menos explicarme cómo debían tomarse.
A cuadros me quedé. Cogí la receta y salí de allí, con la cara de tonta que se te queda habitualmente en estos casos. Ya había escuchado que en este país lo de la automedicación está a la orden del día, y desde luego ahora lo entiendo porque lo que es yo, no pienso volver al médico a menos que esté desangrándome. Para qué voy a ir si soy yo quien tiene que decidir si me hacen falta medicamentos o no?
Lo triste es que éste no es un suceso aislado, sino que casos como éste ocurren a diario, tanto aquí como en otros países. Cómo es posible que una persona que ha estudiado una carrera y está ejerciendo como Doctor/a en un centro de salud tenga menos conocimiento sobre enfermedades comunes que mi madre? y lo que es peor.. cómo es posible que esa persona dé por sentado que el resto de la población sí tiene los conocimientos y el sentido común necesario como para automedicarse?
Si hacen esto con una faringitis, me pregunto qué harán cuando se encuentren problemas más graves…













