Os suena esta casa?

Aparece en un par de secuencias al final de la película “Con la muerte en los talones” de A. Hitchcock. Para los que no la habeis visto, esta es la casa del “malo” de la película, un hombre millonario que se mueve en los ambientes más exquisitos de Nueva York.
Al verla mi cabeza se fue directamente a uno de los arquitectos más famosos del siglo XX, Frank Lloyd Wright. Muchos conocereis su famosa Casa de la Cascada, que como veis, tiene cierto parecida con la de arriba

Intrigada por saber si la obra pertenecía realmente a F.L.Wright le pregunté a Mr. Google sobre el tema y descubrí que la casa no sólo no ha sido diseñada por el arquitecto, sino que ni siquiera existe. Lo gracioso es que durante años se creyó que realmente la casa pertenecía a Wright, pues al parecer el propio Hitchcock lo afirmó en una entrevista. Sin embargo, la imagen que vemos en la película ha sido modelada en 3d para los planos generales, mientras que en las secuencias de interior lo que vemos es un simple escenario que recrea ciertas de las estancias. Ahora bien, no es casualidad que nos haga pensar en Wright al verla ya que ese recordatorio es intencionado. Dada la clase social a la que pertenece el personaje dueño de la casa y el escenario general en el que se desarrolla toda la película, Hitchcock quiso incluir en el rodaje una vivienda diseñada por el maestro de la elegancia y el alto standing de la construcción del momento. Si arquitecto y director llegaron a negociar precios es algo que desconozco, pero no es difícil de imaginar que el presupuesto estaría a una altura de vértigo, con lo que Hitchcock vino a dar con una solución más “fácil”, encargar la maqueta al mismo equipo de diseño de la película, que debería inventarse una casa siguiendo el estilo de la Casa de la Cascada. Y ahí tenemos a un grupo de personas probablemente totalmente ajenas a la arquitectura creando una vivienda que podría pasar perfectamente como obra de uno de los maestros de la historia de la construcción.
El tema volvió a mi mente esta tarde mientras veía una entrevista a Daniel Libeskind, otro arquitecto muy conocido en nuestros días, creador de obras como el Museo Judío de Berlín o del proyecto ganador para la Zona O. En un momento dado, Libeskind aseguraba que cualquier persona podía ser arquitecto, y contaba cómo él había trabajado en proyectos de arquitectura con estudiantes de otras disciplinas, consiguiendo resultados muy satisfactorios. Decía que en nuestros días esto se ve acentuado y la culpa, o más bien el mérito, se lo atribuía a internet, y a la facilidad con la que hoy en día tenemos acceso a cualquier tema que nos interese.
En la ronda de preguntas después de la entrevista, una chica decía que ella era periodista, y que en su profesión ocurría lo mismo. Cualquiera puede escribir, cualquiera puede tener una opinión, y cualquiera puede acceder a la información hoy en día, con lo que no hace falta tener una carrera para poder desempeñar esa profesión.
Supongo que esto es extendible a la mayoría de las carreras o profesiones. No hace falta cursar la carrera en la universidad, simplemente hace falta poner interés y uno puede aprender lo que quiera por su cuenta.
Me hizo plantearme el sentido de la Universidad en nuestros días. Siempre he estado bastante en contra del sistema de enseñanza universitario, especialmente de las clases tal y como las conocemos. Antiguamente no se tenía el acceso a la información que tenemos ahora, con lo que era completamente necesario asistir a unas clases para poder aprender. Hoy en día, basta con teclear una palabra para obtener toda la información que necesites. Si se es consciente de eso, empleando el tiempo de las clases en horas de estudio por tu cuenta podrías aprender 4 veces más de lo que te enseñan los profesores, y disfrutando de ello además.
Llevamos siglos aprendiendo de la misma manera, yo creo que ya va siendo hora de revisar ese sistema, que en mi opinión, está obsoleto. No creeis que los pupitres deberían desaparecer? yo no le veo ningún sentido a sentarse en una clase a escuchar cómo un señor te lee el libro que te tienes que aprender luego en tu casa. A menos que seas de esas personas que se quedan con todo lo que escuchan (y no hay muchas en este mundo) asistir a clase no te sale rentable.
Tenemos un buen ejemplo al principio del post. Cómo una simple imagen en una película puede despertar en tí más inquietudes de las que nunca un profesor ha conseguido despertar con sus aburridas clases. Media hora de investigación en internet y he aprendido cosas que nunca me habían contado en la facultad, además de haber leído sobre otros asuntos que también han resultado interesantes.
Nunca me ha llamado la enseñanza pero quizás algún día se me de por aprender a enseñar e intentar que se enseñe a aprender. Supongo que hoy en día también cualquiera puede ser profesor, alguno quiere intercambiar profesiones?